La heroína llega rápidamente al cerebro, pocos minutos después de ser consumida y se une a los receptores opioides (ROM), de las células cerebrales, sobre todo a las que están relacionadas con el dolor, el placer, el ritmo cardíaco, la respiración o el sueño. Es por eso que una sobredosis de heroína supone la represión de la respiración, lo que podría inducir a la muerte.
Los neurotransmisores cerebrales se unen, a su vez, a esos receptores opioides y regulan la sensación de dolor y la sensación de bienestar. Cuando los ROM se activan, se inicia la liberación de la hormona dopamina, que induce en el individuo la necesidad de continuar con el consumo de la droga. Esto se conoce como sistema de recompensa.
Los neurotransmisores cerebrales se unen, a su vez, a esos receptores opioides y regulan la sensación de dolor y la sensación de bienestar. Cuando los ROM se activan, se inicia la liberación de la hormona dopamina, que induce en el individuo la necesidad de continuar con el consumo de la droga. Esto se conoce como sistema de recompensa.
Además de los efectos que ya produce la droga en sí misma, a veces se le añaden una serie de adictivos y de componentes tóxicos que acarrean graves consecuencias a órganos vitales del cuerpo como al hígado y a los riñones.
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