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viernes, 1 de noviembre de 2019


El maravilloso mundo de las enfermedades digestivas causadas por el consumo de drogas


Tres drogas, dos de ellas legales, son causantes de enfermedades digestivas: el alcohol, el tabaco y la cocaína.
En cuanto al primero, es bien sabido por todos que el consumo continuado o excesivo de alcohol puede ocasionar enfermedades hepáticas como la hepatitis alcohólica, que, generalmente, degenera en una más grave: la cirrosis hepática. Además, también puede provocar úlceras estomacales, gastritis o incluso cáncer a cualquier nivel digestivo.
Acerca del segundo, la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogradicción) señala aquello que el tabaco puede causar con el aparato digestivo: "úlceras digestivas, faringitis, laringitis, afonía, alteraciones del olfato, pigmentación de lengua y dientes y cáncer de estómago".
Finalmente, en cuanto a nuestra querida dama blanca, esta puede producir colitis isquémica. ¿Y en qué consiste? Pues bien, esta enfermedad se caracteriza por una disminución del riego sanguíneo en el colon (intestino grueso). Por lo tanto, si se presenta en una persona muy joven debe sospecharse del consumo de cocaína o de algún otro fármaco.





miércoles, 23 de octubre de 2019

Vías de administración del alcohol


El alcohol es consumido por vía oral y se absorbe en dos lugares del tracto gastrointestinal: el estómago y el intestino. Pero, recientemente se han detectado nuevas formas de consumo de alcohol en jóvenes de Estados Unidos y de Europa.
Una de las técnicas consiste en "beber con el cuerpo", donde encontramos prácticas como el eyeballing, que consiste en verter el alcohol directamente sobre la mucosa ocular; el oxy shot en el que se inhala este mezclado con oxígeno (actuando como un broncodilatador) o el "tampodka", en el cual se coloca un tampón impregnado en la vagina o en el ano.
Y por otra parte, encontramos la "técnica de los cinco sentidos", donde se exprime limón en los ojos, se toma tequila y se aspira sal.


Y algunos números...


En cuanto a números, podemos destacar ciertas cifras que rondan esta droga legal. Y es que, el 75,1% de los jóvenes entre los 14 - 18 años han consumido alguna vez alcohol, a pesar de ser menores de edad. Además, un 23 % beben todos los fines de semana.



Para más info:
Métodos de acción del alcohol

El alcohol es absorbido a lo largo del tracto digestivo y pasa a la sangre, llegando al cerebro en cuestión de minutos.

Se une a los receptores de diversas sustancias químicas cerebrales, alterando su forma de actuación.  Por ejemplo, en el caso del neurotransmisor GABA, el alcohol amplifica su efecto, ocasionando que la apertura de canales iónicos se mantenga en el tiempo y permita el flujo continuo de iones cloruro en la neurona post-sináptica. De esta, se disminuye de forma exagerada la excitabilidad de las neuronas, actuando como un potente sedante . Así mismo actúa con los receptores de NMDA del glutamato. Sin embargo, su consumo crónico ocasiona que estos últimos receptores se vuelvan hipersensibles al glutamato, a diferencia de los del GABA, lo que provoca el "mono" en el síndrome de abstinencia de los alcohólicos. También aumenta la formación de dopamina.



En una persona con un historial de consumo abusivo de alcohol, podemos apreciar: cambios bruscos de humor, incorrecta pronunciación al hablar, reacciones lentas, pérdida de equilibrio y posibles trastornos del sueño.

Para saber más, se puede consultar en: Actuación del alcohol en el cerebro
Efectos secundarios del consumo del alcohol


La ingesta de alcohol afecta a la capacidad de razonamiento de la persona. Produciendo daños neuronales que llevan a daños permanentes en la memoria, la capacidad de razonamiento y al comportamiento.


Con respecto al consumo de ésta bebida durante el embarazo, puede causare daños irreversibles al bebé. No hay una cantidad segura para beber estando embarazada, la única segura es NO beber.

El consumo prolongado del mismo aumentan las posibilidades de:

          • Desnutrición.
          • Daños en el hígado.
          • Hemorragias estomacales o esofágicas.
          • Cáncer de esófago, hígado, colón, etc.
          • Altibajos de tensión.
          • Problemas cardíacos.
          • Problemas de erección en hombres.
          • Sensación de hormigueo en los miembros superiores e inferiores.
          • Pérdidas o dificultad para orinar.
          • Problemas de sueño.
          • Riesgo de suicidio.
          • Mal rendimiento escolar.
          • Problemas de ansiedad.